Las familias atraviesan momentos de cambio, tensión o dificultad que a veces generan distancia, conflictos o mucho malestar entre sus miembros.
En ocasiones cuesta entender qué está pasando: aparecen discusiones repetidas, problemas de comunicación, emociones intensas o dinámicas que terminan afectando a toda la familia.
Desde una mirada psicoanalítica, la terapia familiar ofrece un espacio donde poder escuchar y comprender lo que ocurre más allá del conflicto visible.
Muchas veces, detrás de los síntomas, silencios o dificultades relacionales, existen emociones, historias y formas de vincularse que necesitan ser comprendidas.
El objetivo es abrir un espacio de escucha y reflexión que permita a cada miembro sentirse reconocido y encontrar nuevas maneras de relacionarse.
La terapia puede ayudar en situaciones como:
→ Conflictos familiares recurrentes.
→ Problemas de comunicación.
→ Dificultades en la convivencia.
→ Cambios vitales o crisis familiares.
→ Separaciones o procesos de duelo.
→ Problemas emocionales en hijos/as o adolescentes.
→ Tensiones entre padres e hijos/as.
→ Situaciones de bloqueo o distancia emocional.
→ Repetición de dinámicas que generan sufrimiento.
Entender la singularidad de cada familia
Cada familia tiene su propia historia, sus tiempos y sus formas de relacionarse. La terapia familiar busca comprender esa singularidad y acompañar el proceso de construir vínculos más saludables, conscientes y sostenibles.
¿Se buscan culpables en la terapia familiar?
No. La terapia familiar psicoanalítica no busca culpables, sino comprensiones.
El malestar se entiende como el resultado de una dinámica compartida, donde cada miembro participa —muchas veces de manera inconsciente— en los vínculos y modos de funcionamiento familiar.
El objetivo es poder pensar juntos aquello que genera sufrimiento y abrir nuevas formas de relación.
¿Tienen que asistir todos los miembros de la familia a las sesiones??
No necesariamente. La configuración de las sesiones puede variar según el momento del proceso terapéutico y las necesidades de cada familia.
A veces participan todos los integrantes; en otras ocasiones, las sesiones se realizan solo con los padres, con algunos miembros específicos o en distintos encuadres.
Lo importante es trabajar con quienes puedan constituirse como interlocutores válidos en cada etapa del tratamiento.
¿Qué ocurre si algún miembro de la familia no quiere asistir?
La negativa o resistencia a participar también forma parte del proceso y puede ser pensada terapéuticamente.
La terapia puede comenzar con quienes estén dispuestos a asistir, ya que cualquier transformación dentro del sistema familiar suele generar movimientos y cambios en el resto de los vínculos.
¿Cuánto dura un proceso de terapia familiar?
No existe una duración fija ni un número determinado de sesiones. Al tratarse de un enfoque profundo, el tiempo del tratamiento dependerá de la complejidad de las dinámicas familiares, de los conflictos presentes y de los procesos subjetivos que necesiten ser elaborados por el grupo familiar.
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